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No te culpo.
En mi puta vida sería capaz de culparte de este puto caos y desequilibrio interno que tengo.
No te culpo de nada, porque todo esto me lo he buscado yo solita.
Comencé regalándome por tener una puta excusa para volver a verte y rozarte una vez más. Te vendía mi cuerpo a cambio de cuatro cumplidos y tres besos que siempre me dejaban con mal sabor de boca, pero eso era más que suficiente para sentirme un poco viva en ese sin vivir.
Pero no te culpo porque yo sabía perfectamente donde me metía, pero era todo tan adictivo que no encontraba la manera de salir.
No te culpo. No te culpo, porque tú desde un principio me dejaste claro que lo nuestro nunca sería, que lo nuestro nunca funcionaría. Y yo te juro que lo intenté, intenté mil veces ver que todo esto era un juego, de que los dos jugábamos y disfrutábamos, pero solo acabé auto engañándome una vez más. Nunca hemos jugado en el mismo nivel, y tú lo sabías perfectamente. Siempre has jugado con ventaja. Y no te culpo, porque sé que tú quisiste acabar con este juego más de una vez, pero al final siempre acudíamos al comodín de la llamada (Ya sabes esa llamada a altas horas de la noche y con unas copas de más.) Y volvíamos a retroceder a la primera casilla y así sucesivamente. Hasta que llegó el día en el que caímos en quiebra y lo perdimos todo, me perdiste, te perdí, y lo más jodido, nos perdimos.
Desde bien pequeñita me advirtieron que todo tiene su límite, y creo que hemos llegado al nuestro.
De verdad que no te culpo. Pero aléjate, hazte el favor, háznoslo a los dos.


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