Ir al contenido principal
No te culpo.
En mi puta vida sería capaz de culparte de este puto caos y desequilibrio interno que tengo.
No te culpo de nada, porque todo esto me lo he buscado yo solita.
Comencé regalándome por tener una puta excusa para volver a verte y rozarte una vez más. Te vendía mi cuerpo a cambio de cuatro cumplidos y tres besos que siempre me dejaban con mal sabor de boca, pero eso era más que suficiente para sentirme un poco viva en ese sin vivir.
Pero no te culpo porque yo sabía perfectamente donde me metía, pero era todo tan adictivo que no encontraba la manera de salir.
No te culpo. No te culpo, porque tú desde un principio me dejaste claro que lo nuestro nunca sería, que lo nuestro nunca funcionaría. Y yo te juro que lo intenté, intenté mil veces ver que todo esto era un juego, de que los dos jugábamos y disfrutábamos, pero solo acabé auto engañándome una vez más. Nunca hemos jugado en el mismo nivel, y tú lo sabías perfectamente. Siempre has jugado con ventaja. Y no te culpo, porque sé que tú quisiste acabar con este juego más de una vez, pero al final siempre acudíamos al comodín de la llamada (Ya sabes esa llamada a altas horas de la noche y con unas copas de más.) Y volvíamos a retroceder a la primera casilla y así sucesivamente. Hasta que llegó el día en el que caímos en quiebra y lo perdimos todo, me perdiste, te perdí, y lo más jodido, nos perdimos.
Desde bien pequeñita me advirtieron que todo tiene su límite, y creo que hemos llegado al nuestro.
De verdad que no te culpo. Pero aléjate, hazte el favor, háznoslo a los dos.


Comentarios

Entradas populares de este blog

....

—Estoy triste. —¿Por qué? —¿Puedo ser sincera? —Por favor. —Es de noche, y no tardaré mucho en acostarme, pero no conseguiré dormirme hasta dentro de un par de horas. Mientras tanto, daré vueltas en la cama, sin saber muy bien por qué, sintiéndome un poco vacía, sin saber qué me falta. Y así, siempre. Hay noches en las que no puedo ni llorar y tengo una presión en el pecho que yo qué sé. Cierro lo s ojos e intento hacerla desaparecer, pero no lo consigo. Temo... temo estar convirtiéndome en una causa perdida. Temo que mañana será como hoy, y siempre igual. Llevo mucho tiempo subiendo el volumen de la música cuando quiero escapar, como si así pudiese acallar las ganas que me queman. Sé que es triste, pero no puedo hacer otra cosa. Y me digo "Sonríe, la vida no está tan mal, chica", pero sólo son palabras. A veces creo que toda esto es una triste excusa para que, cuando sea feliz, sepa disfrutarlo. Ya sabes. Es lo que me digo cada noche. Otras noches ya no pue...
Me senté en la cama observándole mientras se vestía (Me pasaba media vida así), él hablaba de algo pero yo no lo escuchaba, ni si quiera le contestaba. Se acer có a mí, mientras me retiraba el pelo que me tapaba la cara, con sus manos. Intentó besarme, pero yo me aparté. Volvió a intentarlo, reaccioné de la misma manera que antes, volví a rechazarle. Entonces me agarro de la cara, y se quedó unos segundos mirándome sin decir nada. -¿Qué pasa enana?.

Esta noche quédate

Hoy el pasado me ha susurrado tu nombre, me ha vuelto a hablar de aquellas noches, me ha dicho que tus sábanas últimamente me llaman a gritos, que a tu almohada le faltan mis mordiscos e incluso que a las noches al acostarte echas de menos eso de que mi olor este disperso por toda tu cama, me ha dicho que a veces te da por nombrarme, que a veces te sale una sonrisa cuando pronuncian mi nombre... Echas de menos aquellas tardes que nos perdíamos entre tus sábanas, aquellos susurros cada vez que me incordiabas, aquellos besos a altas horas de la noche en tu portal o aquella vez tirados bajo el sol acariciándonos preguntándonos una y otra vez a donde nos llevaría todo esto... A ningún lado, he ahí la respuesta, o mejor dicho, a todos los lados. Me persigues, tu colonia, tu voz, tus palabras, tu ausencia, realmente me persigue todo lo que tenga que ver contigo, me persiguen las ganas de volver a verte, de volver a acariciarte, rozarte o simplemente besarte, me persiguen las ganas de volve...