—Estoy triste.
—¿Por qué?
—¿Puedo ser sincera?
—Por favor.
—Es de noche, y no tardaré mucho en acostarme, pero no conseguiré dormirme hasta dentro de un par de horas. Mientras tanto, daré vueltas en la cama, sin saber muy bien por qué, sintiéndome un poco vacía, sin saber qué me falta. Y así, siempre. Hay noches en las que no puedo ni llorar y tengo una presión en el pecho que yo qué sé. Cierro los ojos e intento hacerla desaparecer, pero no lo consigo. Temo... temo estar convirtiéndome en una causa perdida. Temo que mañana será como hoy, y siempre igual. Llevo mucho tiempo subiendo el volumen de la música cuando quiero escapar, como si así pudiese acallar las ganas que me queman. Sé que es triste, pero no puedo hacer otra cosa. Y me digo "Sonríe, la vida no está tan mal, chica", pero sólo son palabras. A veces creo que toda esto es una triste excusa para que, cuando sea feliz, sepa disfrutarlo. Ya sabes. Es lo que me digo cada noche. Otras noches ya no puedo soportar quedarme quieta, así que me levanto y me enciendo un cigarro, pero hay tanto silencio que me empiezo a hacer preguntas horribles. Entonces empiezo a consumirme como si fuese yo, y no el cigarro, quien calada tras calada se consume. Es una sensación muy rara. Las horas pasan lentamente y el corazón se me acelera. Alguna que otra noche he salido a caminar de madrugada. Mirar la luna me relaja, saber que siempre ha estado ahí, con las estrellas, conmigo, durante todos estos años, como si supiese lo que me pasa y saliese todas las noches para decirme que todo irá bien. Pero no han cambiado tanto las cosas como me gustaría, no soy muy distinta de aquella chica que lloraba con las despedidas. Sólo que ahora, en lugar de llorar, me quedo en silencio. Muy callada, y a veces, incluso, si alguien prestase atención, podría escuchar como grito, pero ya nadie se fija en los pequeños detalles. Me pregunto si esto le pasará a mucha gente, no sé, me refiero a esto de sentirte la pieza de un puzzle en el que no encajas muy bien...
—Eres increíble, ¿lo sabías?
—¿De qué sirve que lo sea?
—Voy a compartir todas tus noches, cariño. Voy a salir a caminar de madruga contigo siempre que quieras. Lo necesito. Creo que lo necesitamos los dos, que llevamos mucho tiempo con la soledad, y ya sabes lo que dicen del roce...
—Hoy hay luna llena. Me gustan las noches de luna llena.
—A mí también. Siempre he pensado que la luna llena está ahí para las personas que están un poquito vacías.
—Seguramente.
—¿Por qué?
—¿Puedo ser sincera?
—Por favor.
—Es de noche, y no tardaré mucho en acostarme, pero no conseguiré dormirme hasta dentro de un par de horas. Mientras tanto, daré vueltas en la cama, sin saber muy bien por qué, sintiéndome un poco vacía, sin saber qué me falta. Y así, siempre. Hay noches en las que no puedo ni llorar y tengo una presión en el pecho que yo qué sé. Cierro los ojos e intento hacerla desaparecer, pero no lo consigo. Temo... temo estar convirtiéndome en una causa perdida. Temo que mañana será como hoy, y siempre igual. Llevo mucho tiempo subiendo el volumen de la música cuando quiero escapar, como si así pudiese acallar las ganas que me queman. Sé que es triste, pero no puedo hacer otra cosa. Y me digo "Sonríe, la vida no está tan mal, chica", pero sólo son palabras. A veces creo que toda esto es una triste excusa para que, cuando sea feliz, sepa disfrutarlo. Ya sabes. Es lo que me digo cada noche. Otras noches ya no puedo soportar quedarme quieta, así que me levanto y me enciendo un cigarro, pero hay tanto silencio que me empiezo a hacer preguntas horribles. Entonces empiezo a consumirme como si fuese yo, y no el cigarro, quien calada tras calada se consume. Es una sensación muy rara. Las horas pasan lentamente y el corazón se me acelera. Alguna que otra noche he salido a caminar de madrugada. Mirar la luna me relaja, saber que siempre ha estado ahí, con las estrellas, conmigo, durante todos estos años, como si supiese lo que me pasa y saliese todas las noches para decirme que todo irá bien. Pero no han cambiado tanto las cosas como me gustaría, no soy muy distinta de aquella chica que lloraba con las despedidas. Sólo que ahora, en lugar de llorar, me quedo en silencio. Muy callada, y a veces, incluso, si alguien prestase atención, podría escuchar como grito, pero ya nadie se fija en los pequeños detalles. Me pregunto si esto le pasará a mucha gente, no sé, me refiero a esto de sentirte la pieza de un puzzle en el que no encajas muy bien...
—Eres increíble, ¿lo sabías?
—¿De qué sirve que lo sea?
—Voy a compartir todas tus noches, cariño. Voy a salir a caminar de madruga contigo siempre que quieras. Lo necesito. Creo que lo necesitamos los dos, que llevamos mucho tiempo con la soledad, y ya sabes lo que dicen del roce...
—Hoy hay luna llena. Me gustan las noches de luna llena.
—A mí también. Siempre he pensado que la luna llena está ahí para las personas que están un poquito vacías.
—Seguramente.
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